“Quedamos la semana que viene” me dijo con un mensaje frío y escueto. No era cara a cara ni tampoco escrito en una hoja, con cariño. Era por mensaje digital, daba igual que fuese mensajería instantánea privada o un mail, era frío. Eficaz, rápido, cómodo. Pero gélido. Tanto que se te congelaban las pestañas cuando lo leías. Y no soy alguien recién nacido en este mundo donde todos se comunican con textos y más textos detrás de pantallas de ordenadores o smartphones. Piensan que eso es afecto, que así todo vale pero no. Enviarle un mensaje a alguien no basta para demostrar que lo aprecias y te acuerdas de él.

De hecho ya no me hace ilusión cuando recibo un mensaje de algún conocido (porque ha perdido el título de amigo) al que no he visto en mucho tiempo. Porque sé que seguirán pasando más y más días y nuestra distancia se hará más larga hasta que crucemos las barreras del infinito, el espacio exterior, la vía láctea y ahí nos olvidaremos. Da igual si vives en el mismo planeta, país o barriada, las amistades como llegan se van y hay que saber aceptarlo como cuando se muere una planta que no has cuidado bien en verano. Se marchita, se seca y te da mucha rabia pero finalmente reconoces que no has estado ahí cuando lo requería. Es absurdo mandarle un mensaje a una flor muerta y reseca diciéndole que ya la regarás. Pues igual de ilógico es mandarle un mensaje a alguien que ya no forma parte de tu vida haciéndole creer que todo volverá a ser como antes.

Y lo peor de todo son aquellos mensajes que te prometen. Prometen recuperar el tiempo perdido, prometen que van a estar ahí a partir de ahora. Y todo aderezado con excusas de todo tipo. Explicaciones que tú no has pedido porque ya sabes que lo que se va no vuelve. Eso sólo pasa en las historias de ficción más increíbles. Pero en la realidad todo se queda en promesas y en fantasías de que los amigos son para siempre. Si los amores en muchos casos no lo son ¿Por qué deberían serlo las amistades?

¿Sabes una cosa? Si a alguien le importas y sabe dónde encontrarte, en vez de decirte “quedamos la semana que viene” lo que hace es tocar la puerta de tu casa y al verte te da un abrazo que te hace olvidar el concepto de soledad para siempre. Así, sin más, sin palabras digitales ni físicas, sólo con un gesto que vale más que mil palabras y juramentos absurdos.

Escrito y foto por Alison Rebel. Todos los derechos reservados. Copyright 2018.

2 Comentarios

  1. jajaja…muy bueno y muy cierto.Ya he limpiado mi jardín y eliminado esas flores muertas y resecas a las que infinitas veces intentaba hacer reverdecer…Felicitaciones una vez más me ha encantado.

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